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Cuando empecé en esto de juntar letras (me peinaba yo con gomina), mi primer editor me dio dos consejos que nunca he olvidado: Evita las faltas ortográficas y sé ameno. Lo de las faltas lo tengo superado sin necesidad de echar mano al Miranda Podadera. Lo de la amenidad, va por rachas. Aclaro esto porque el tema de hoy no es precisamente la alegría de la huerta. Toca hablar de una tecnología no demasiado conocida, pero más habitual de lo que se pueda pensar: NFC.

¿Qué es el NFC?

El Near Field Communication es una tecnología inalámbrica aparecida en 2006 que permite enviar y recibir datos a corta distancia. Su funcionamiento se basa en la creación de un campo magnético entre dispositivos. Si os basta con esto, podéis pasar al siguiente párrafo. Para los que se queden: Opera en la banda de 13.56 MHz, abierta y desregularizada en todo el mundo, ya que no implica riesgo para la salud. Las transmisiones en esta banda se producen en forma “half duplex”, que permite lectura y escritura en ambos sentidos. 

Usos NFC

En teoría, esta tecnología funciona con una distancia máxima obligatoria de 20 cm entre dispositivos. No obstante, puede variar debido a diferentes factores. La mayoría de veces necesita para su correcto funcionamiento una distancia menor: 5/10 cm. De ahí lo de Comunicación de Campo Cercano. Los aparatos tienen prácticamente que tocarse para la transmisión de datos. Como el típico boca a oreja de los cotillas.

¿Qué velocidad alcanza el NFC?

Funciona a una velocidad de hasta 424 kbps de transmisión y tarda alrededor de 200 microsegundos en establecer un enlace. En la práctica, la velocidad de transferencia será de 106, 212 o, sí, de 424 kbps. Depende del entorno o de los requerimientos de la misma comunicación. En cualquier caso, con estos valores queda claro que su utilidad principal es la comunicación instantánea. Bien sea a nivel de identificación o de validación entre equipos/personas. Desgraciadamente, no resulta útil para la transmisión de grandes volúmenes de datos.

Tipos de dispositivos NFC

El estándar NFC define dos tipos de dispositivos: El iniciador y el receptor de la comunicación. En palabras de Perogrullo, el iniciador es el dispositivo que arranca la comunicación y controla el intercambio de datos. El receptor es quien responde a las peticiones del iniciador. De igual forma, se definen dos modos de operación: Activo (ambos dispositivos generan una señal de radio frecuencia para transmitir los datos) y pasivo (sólo un dispositivo genera el campo RF). También se tipifican 3 modos de comunicación: Modo lectura/escritura (las aplicaciones pueden transferir datos en un modo considerado poco seguro). Modo emulación NFC Card (transferencia de datos securizada). Y modo Peer to Peer (comunicación directa entre dispositivos).

Pago NFC

Uso y disfrute de la tecnología NFC

El uso más conocido de este tipo de comunicación inalámbrica es el pago móvil. Tarjetas de crédito, pulseras asociadas a ellas, aplicaciones como Android Pay, Apple Pay, Bizum… permiten pagar en establecimientos equipados con lectores de tarjetas contactless. Pero el NFC no está limitado a los métodos de pago. También permite sincronizar de manera instantánea dispositivos inalámbricos (smartphones, auriculares, altavoces…), usar etiquetas pasivas para programar diversas configuraciones en smartphones u ofrecer servicios de comunicación en determinados servicios (museos, campañas de marketing, check-in en hoteles …). Y, obviamente, intercambiar datos entre pares (compartir enlaces, fotos, música y pequeños archivos).

Acercando el futuro

La tecnología NFC está presente en smartphones, tablets, altavoces, auriculares, televisiones, impresoras y cada vez más dispositivos (aquí podéis ver una muestra en nuestra tienda online). Y se ha convertido en una de las opciones más versátiles para el futuro de las comunicaciones.

Resulta curioso comprobar cómo estamos delegando tareas que, hace una década escasa precisaban de nuestra interacción con el resto, en manos de pequeños hallazgos tecnológicos. Pagar en los peajes, rebuscar cambio en la cartera, enchufar el reproductor de MP3 al amplificador, identificarnos con papeles y documentos, incluso abrir puertas con llave, son hábitos en retroceso, cuando no en vías de extinción. Si el porvenir de la humanidad pasa por darle todo el poder a los smartphones, las inteligencias artificiales, los algoritmos, los vehículos autónomos y el Facebook, eso no podrá pararlo nadie. Así que no merece la pena renegar de algo como el NFC. Al menos, en estos tiempos tan escasos de interacciones personales, nos obliga a estar junticos.

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